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Barricada hace la mejor ley para la memoria histórica

1 Octubre 2009 · 4 comentarios

Esta tarde he tenido el lujo de escuchar el nuevo…¿disco? de Barricada, que saldrá a la venta a primeros de noviembre. Las interrogaciones de la palabra “disco” no son gratuitas, ya que lo que han hecho esta vez no es un disco, ni siquiera es un libro aunque tenga 184 páginas. Si tuviera que compararlo con algo es con un documental o con un gran reportaje periodístico. Eso sí, un documental en el que las únicas imágenes son estáticas y están en papel.

La portada no puede ser más explícita

Esta tarde he tenido el lujo de escuchar el nuevo…¿disco? de Barricada, que saldrá a la venta a primeros de noviembre. Las interrogaciones de la palabra “disco” no son gratuitas, ya que lo que han hecho esta vez no es un disco, ni siquiera es un libro aunque tenga 184 páginas. Si tuviera que compararlo con algo es con un documental o con un gran reportaje periodístico. Eso sí, un documental en el que las únicas imágenes son estáticas y están en papel.

No es el único esquema que han roto en ‘La tierra está sorda’. Los estereotipos que cualquier cabeza plana pueda tener sobre los rockeros melenudos (ya no tanto, que los años pasan) saltan por los aires cuando un tipo como Enrique Villarreal, ‘El Drogas’, se sumerge en la historia para crear una obra capaz de recrear con textos y música algunos de los episodios más oscuros de la Guerra Civil española.

El punto de partida es el monte Ezcaba. Allí arriba, dominando toda la comarca de Pamplona, se encuentra el Fuerte de San Cristóbal, un edificio militar ya semiderruido que sirvió como prisión durante la Guerra Civil en lo que fue una especie de ensayo previo a los campos de concentración nazis. Como bien explica en el libro ‘El Drogas’, la gente de la zona vive de espaldas al monte. Somos muchos los que nos hemos colado en los pasillos y las celdas del Fuerte (me incluyo) y apenas un 90% de los que viven debajo conocen la historia de lo que pasó allí. Y eso que tampoco hace tanto: En mayo de 1938 tuvo lugar la mayor fuga de presos de la historia de España y una de las mayores matanzas de la Guerra Civil.

Tirando de ese hilo, ‘El Drogas’ se puso el mono de historiador-periodista-músico y tiró de libros, imágenes de archivo y entrevistas personales hasta lograr reconstruir no sólo la historia del Fuerte de San Cristóbal, sino muchas más de las tragedias sufridas por los perdedores de la guerra. Badajoz, Asturias, Sartaguda, Gernika, Málaga, etc., son las escenas recorridas en una aventura en la que a Enrique no sólo le acompañaron el resto de los Barricada, también contó con la ayuda de varios historiadores, testigos directos, asociaciones de víctimas y de la desaparecida Dulce Chacón (sus textos inspiran y/o aparecen en varias canciones).

De esa investigación han surgido textos y canciones que van acompañados, además, por una extensa bibliografía y un montón de citas textuales que acompañan las historias, personales y colectivas, que rellenan los 18 cortes del CD. No, no es un disco, no esperéis singles claros ni estribillos pegadizos, es un artefacto que hay que tener en la estantería de casa para recordar de vez en cuando historias que no hay que repetir.

¿Que a qué suena? Pues a rabia, a lamento, a quejido. Y sabe a sangre y a lágrimas que tira para atrás. Así que cuidado, que no es un trabajo para disfrutarlo en sentido estricto.

NOTA IMPORTANTE: El que esté pensando en copiárselo está jodido. La escucha de hoy la hemos seguido con el libro fotocopiado en DIN-A4 y os aseguro que es incomodísimo. Vamos, que el formato no admite copia barata y que, además, compensa tenerlo a mano para recordar de vez en cuando de dónde venimos.

Firmado: Hurricane Carter

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Los cedés, objetos de ficción

14 Septiembre 2009 · Dejar un comentario

Leyendo la última novela de David Trueba, ‘Saber perder’, me encuentro con que uno de los personajes, adolescente, regala un CD de música a una chica antes de que ésta le meta mano. La novela, una obra de personajes corales cuyas vida se entrelazan y ubicada en nuestros días, es exquisita a la hora de dar datos reales, aquellos que dan verosimilitud a todo lo que ocurre en ella y que ayuda al lector a meterse en ella.

saberperderPero no perfecta. Porque los adolescentes ya no regalan cedés. “Es cutre”, le dijo el hijo del Gran Wyoming a éste al contarle que un compañero le había regalado uno. Lo contaba el showman en la presentación del último disco de Manolo García. Bien, es sólo un ejemplo, aunque el hecho lo convertía en norma Matthew Robson, ese quiceañero y sin embargo analista de Morgan Stanley con su famoso informe que ha dado la vuelta al mundo.

Pero qué buena es la novela de David Trueba, no obstante. Sí acierta al mencionar la Campus Party y la cantidad ingente de música que se ‘bajan’ los chavales de ahora así como las referencias musicales a los grandes: Bob Dylan, The Rolling Stones, The Beatles, Led Zeppelin… el formato de almacenamiento variará pero la música perdurará. Y hay músicos y canciones que llevan superadas varias generaciones. Y las que les queden.

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Serge Gainsbourg vs Whitney Houston: “He dicho que quiero follármela”

23 Junio 2009 · 4 comentarios

Les transcribo tres párrafos del libro de la periodista Sylvie Simmons Serge Gainsbourg, la biografía:

Ocurrió en uno de esos programas de variedades en directo que siguen plagando la televisión francesa, de esos que hacen que los espacios de corte similar más clásicos de la televisión británica parezcan estar en la cima de la vanguardia. Aquella noche el programa tenía unos invitados de lujo: Serge, Eddy Mitchell (el fornido roquero francés, andropaúsico pero aún en activo) y Whitney [Houston]. Siguiendo el formato insustancial de este tipo de programas, la diva estadounidense cantó su canción y acto seguido tomó asiento junto a un Serge de sonrisa beatífica, dispuesta a participar en la típica charla que entre halagos empalagosos tenía como fin promocionar un nuevo producto. Whitney hablaba en inglés y el resto de los invitados en francés, mientras que Michel Drucker, el presentador, se prestaba de puente entre unos y otros cual tenista en un frenético partido a dos bandas. Serge, que parecía salido de una botella de whisky de Tom Waits, acabó enfureciéndose con las traducciones erróneas y deliberadamente anodinas que Drucker hacía de sus comentarios y, de repente, espetó en perfecto inglés: “He dicho que quiero follármela”.

“¿¡Qué ha dicho!?”, exclamó Whitney. El presentador, con el rostro pálido, trató de quitar hierro a las palabras de Serge con más traducciones falsas en inglés, asegurando a la cantante que lo que había dicho era que la encontraba “genial” y “muy guapa”. Para aclarar la confusión, Serge repitió su declaración en francés: “J’ai dit que j’ai envie de la baiser”.

Drucker, con un rictus tenso, le insinuó que si su madre estaba viendo la televisión tal vez decidiera cambiar de canal. Dado que el programa se realizaba en directo y el daño ya estaba hecho, y aún quedaban diez minutos que debían rellenarse con un dúo entre Gainsbourg y Mitchell, Serge logró llegar al final del programa sin que lo echaran del plató.

Ahora que saben de qué va la historia, tal vez quieran echarle un vistazo a una grabación de aquel momento. Por desgracia, no he dado con un modo de incluir el vídeo después de este texto, así que tendrán que conformarse con la versión que hay en Youtube.

Firmado: Ander de Brich

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Un éxito indecente, el libro de los pedos, un baile decadente y la casa negra de Serge Gainsbourg

22 Junio 2009 · 2 comentarios

Hace unos días que he acabado de leer la biografía de Serge Gainsbourg de la que hablamos aquí la semana pasada. Como el polifacético artista francés hizo de la provocación su oficio, cuesta escoger una sola de las anécdotas que se cuentan en el libro. Ahí les dejo algunas para abrir boca:

1. A Gainsbourg le costó más de diez años conseguir su primer éxito significativo. Eso sí, su primer pelotazo fue mundial y le sirvió para vender millones de discos. La canción que le aupó a las listas de superventas fue prohibida en Italia, España y Suecia; el periódico vaticano L’Osservatore Romano la tachó de “indecente”; el jefe de Phonogram en Italia fue enviado a la cárcel y excomulgado por haberla publicado; la BBC británica no la difundió porque la consideraba “inapropiada para su escucha”. Todo esto confluyó en una campaña de propaganda perfecta y ayudó a que el disco se convirtiera en el primero no cantado en inglés que alcanzaba el número uno de las listas de las islas. Como habrán adivinado, la canción era ésta:

2. A comienzos de los ochenta, Gainsbourg probó suerte con la literatura y publicó su única novela: Evguénie Solokov. En ella relata la historia de un narrador cuya vida ha estado condicionada por la imposibilidad de retener los gases particularmente pestilentes que genera su cuerpo. Esta incontinencia determina la vida del protagonista de la novela. En la mili, por ejemplo, los oficiales consideran que su flatulencia equivale a insubordinación, pero los soldados rasos lo escogen como su líder natural por el mismo motivo. Al final, el narrador inventa una suerte de pintura automática que le consagra como artista: espera a que los temblores eléctricos que los pedos envían a su cuerpo muevan el pincel en unos cuadros a los que denomina gasogramas.

A la crítica, el libro no le gustó demasiado.

3. Tras el éxito de Je t’aime, moi non plus, Gainsbourg se empeñó en crear un baile de moda. Aunque no consiguió que la idea se popularizara, el baile de La décadanse consistía en agarrar los pechos de la pareja por detrás, pegar la ingle a su culo y contonearse juntos.

4. La fachada del número 5 de la calle de Verneuil, en París, es un espectáculo. Desde que Gainsbourg falleció en marzo de 1991, sus seguidores han llenado de graffittis y dibujos las paredes de la casa donde vivió la mayor parte de sus años. Su hija Charlotte ha tratado de convertirla en un museo dedicado a su padre, pero las autoridades le han dado la espalda. Si algún día se abriera al público, los visitantes se encontrarían con el resultado de varios años de planes decorativos: paredes negras, techos negros, suelos de mármol negro, un salón negro presidido por una chimenea negra, un piano negro y un sofá negro; un pasillo negro que conduce al dormitorio principal -que es negro- y a un baño negro en el que hasta la bañera es negra.

Como la extensión de esta entrada se me empieza a ir de las manos, mañana les cuento el incidente con Whitney Houston.

Firmado: Ander de Brich

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Gainsbourg, la mugre y el sexo de los surrealistas

17 Junio 2009 · 1 comentario

Por el momento, sin desperdicio

Por el momento, sin desperdicio

Hace un par de meses hablamos aquí de cómo Serge Gainsbourg se divirtió de lo lindo escribiendo canciones trufadas de referencias sexuales para que la cándida France Gall las interpretase sin tener ni la más remota idea de las cochinadas que el compositor estaba poniendo en su boca. En los comentarios de aquella entrada, un habitual de Musikiki, Dj Flow, recomendó vivamente la biografía que escribió en 2001 la periodista británica Sylvie Simmons sobre el poliédrico artista francés. Gracias a un benefactor que aún considera que se pueden prestar libros sin perder amigos, el tomo ha llegado a mis manos y me lo estoy pasando como un enano.

El libro empieza así:

Serge Gainsbourg debía su vida a la inmundicia. Fue la suciedad la que acudió en su auxilio literalmente la calurosa tarde de verano de 1927 en que Olia Ginsburg llamó a la puerta de un cochambroso edificio de Pigalle, el barrio chino de París. Olia, una inmigrante rusa de origen judío, de treinta y dos años, esposa de un músico, madre de una niña y embarazada una vez más, accedió al interior de la improvisada clínica abortiva. Sus ojos recorrieron rápidamente la estancia -el lavabo, el taburete, la mesa en medio de la sala con el instrumental dispuesto encima- antes de reparar en el pequeño cuenco de metal que brillaba a la luz del sol, mojado aún y con los desperdicios de algo indescriptible pertenecientes a la mujer que habría pasado por allí antes que ella. A la madre de Serge le bastó con echar un vistazo al contenido del recipiente para poner pies en polvorosa. “Serge siempre decía que su única suerte en esta vida -recordaba Jane Birkin- se la debía a una mugrienta palangana”.

Y unas cuantas páginas después describe los primeros escarceos sexuales de Gainsbourg:

Chicas guapas no faltaban en la École Supérieure Des Beaux-Arts en la que su padre lo había matriculado. [...] Elizabeth Levitski, una modelo, a tiempo parcial, no sólo era guapa, sino también bastante abierta al sexo. [...] Trabajaba de secretaria para el poeta surrealista francés Georges Hugnet, amigo de Salvador Dalí. El piso de Dalí en la rue de l’Université permanecía desocupado cuando el artista y su esposa Gala regresaban a España; y Hugnet disponía de un juego de llaves para vigilar el lugar en ausencia de la pareja. Lucien [nombre real de Serge Gainsbourg] y Elizabeth se las ingeniaron para hacerse con las llaves y, una noche de desvarío que quedaría grabada en la memoria del joven, follaron en el salón decorado en negro de Dalí -con las paredes forradas de astracán, ese tejido negro y rizado con el que hacían los cuellos de los abrigos de antes- sobre un montón de obras de arte desparramadas por el suelo, obras de incalculable valor de Miró, Ernst, Picasso y su involuntario anfitrión. Lucien salió del piso con un Gitanes entre los labios, una futura mujer cogida del brazo, una sólida noción del ideal de decoración de una casa, una pequeña fotografía en blanco y negro sustraída de la colección porno de Dalí de dos chicas haciéndose un cunnilingus y una creencia reforzada de que el surrealismo era el mejor movimiento artístico que existía.

Sospecho que voy a devorar las páginas que me faltan para acabarlo.

Firmado: Ander de Brich

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‘Los trapos sucios’

8 Junio 2009 · Dejar un comentario

Si ha habido una banda en el planeta capaz de cumplir a rajatabla lo de “sexo, drogas y rock and roll” ha sido sin duda Mötley Crüe. Aprovechando que en Madrid se celebra la Feria del Libro y convencido por la recomendación de Nick Hornby y la crítica del New York Times (“Ábralo por cualquier página y encontrará una historia memorable”) me compré hace dos días ‘Los trapos sucios’, la autobiografía de la banda formada por Mick Mars, Vince Neil, Nikk Sixxi y Tommy Lee. En el libro cuentan sus batallas los cuatro, pasándose la palabra e incluso demostrando que guardan recuerdos distintos sobre algunos pasajes. No voy a desvelar nada, sólo digo que me ha enganchado más que ‘Perdidos’, que ya es decir.
Os guste o no la música TENÉIS QUE LEER EL LIBRO. No es una recomendación, es una orden.
Firmado: Hurricane Carter
Los Trapos Sucios

Mejor que 'Perdidos'

Si ha habido una banda en el planeta capaz de cumplir a rajatabla lo de “sexo, drogas y rock and roll” ha sido sin duda Mötley Crüe. Aprovechando que en Madrid se celebra la Feria del Libro y convencido por la recomendación de Nick Hornby y la crítica del New York Times (“Ábralo por cualquier página y encontrará una historia memorable”) me compré hace dos días ‘Los trapos sucios’, la autobiografía de la banda formada por Mick Mars, Vince Neil, Nikk Sixxi y Tommy Lee. En el libro cuentan sus batallas los cuatro, pasándose la palabra e incluso demostrando que guardan recuerdos distintos sobre algunos pasajes. No voy a desvelar nada, sólo digo que me ha enganchado más que ‘Perdidos’, que ya es decir.

Os guste o no la música TENÉIS QUE LEER EL LIBRO. No es una recomendación, es una orden.

Firmado: Hurricane Carter

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Por la carreteras fúnebres del rock

12 Febrero 2009 · 2 comentarios

BSO: KISS | I Was Made for Lovin’ You

A Frank Zappa se le atribuyen dos frases gloriosas sobre el periodismo. Una: “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Y la otra: “El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer.” Aún así, entre los plumillas de la cosa hay excepciones honrosas (no creo muy probable que encuentres ninguna de ellas entre los textos de ésta tu casa, pero ése es otro asunto). Uno de ellos escribe para las revistas estadounidenses Spin y Esquire y responde al nombre de Chuck Klosterman, sobre todo cuando alguien le llama.

En ruta por las carreteras del rock

Klosterman es uno de los tipos más descacharrantes a los que jamás he leído y, desde que Mondadori publicó en España Pégate un tiro para sobrevivir (2006), ocupa un lugar destacado en mi santoral particular. El libro cuenta un viaje de dieciocho días de Nueva York a Seattle con el objetivo de visitar lugares ligados a la historia del rock porque en ellos fallecieron algunas estrellas del aguambabuluba o del balambambú. Por supuesto, el autor relata el accidente aéreo en el que falleció Buddy Holly, pero el camino le sirve de excusa para hablar sobre cualquier cosa que se le ocurra. Mi frase favorita del libro se refiere a la droga: “Te darás cuenta si estás enganchado cuando te dé igual el cedé donde la cortas”.

A continuación, copio algunos extractos del capítulo en el que Klosterman decide qué discos debe llevarse al viaje:

Me llevará tres horas decidir qué discos compactos amontonar en el asiento trasero de Tauntan. Éste es el tipo de dilema que puede hacer que un tipo como yo pierda el sueño. Jamás me ha preocupado la posibilidad de una guerra nuclear ni la economía ni si resulta imprescindible o no establecer un Estado palestino, pero puedo pasar muchísimo tiempo debatiéndome entre comprar o no comprar los álbumes poco destacables de los Rolling Stones de los años ochenta. [...] Tengo dos mil doscientos treinta y tres cedés. [...] Podría afirmar que quinientos de esos álbumes los tengo repetidos (en casete y en disco compacto) y que tengo tres copias de muchos de ellos (por ejemplo, compré los veintiséis álbumes de KISS en cinta, después los compré en cedé, y después volví a comprarlos en cedé cuando los remasterizaron en 1999, lo cual únicamente quiere decir que alguien se metió en un estudio e hizo que los temas sonasen más fuerte). [...] Tengo catorce discos de los Smashing Pumpkins, aunque sólo me gustan dos. Tengo todo lo que Britney Spears ha sacado a la venta; eso se debe a que creo que algún día “lo necesitaré”, a pesar de que no se me ocurre todavía qué podría generar dicha necesidad. Tengo más cedés que el noventa y nueve por ciento de los estadounidenses, pero menos que el cuarenta por ciento de mis amigos. Si descubro que un conocido tiene más cedés que yo me siento intimidado y castrado. Pienso mucho en mis cedés. [...] Me pregunto cuántos pasarán la criba para acompañarme a lo largo de mi viaje por el país. [...] Sólo puedo llevarme los que resulten absolutamente indispensables.

Acabo eligiendo seiscientos.

Firmado: Ander de Brich

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