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Los cedés, objetos de ficción

Leyendo la última novela de David Trueba, ‘Saber perder’, me encuentro con que uno de los personajes, adolescente, regala un CD de música a una chica antes de que ésta le meta mano. La novela, una obra de personajes corales cuyas vida se entrelazan y ubicada en nuestros días, es exquisita a la hora de dar datos reales, aquellos que dan verosimilitud a todo lo que ocurre en ella y que ayuda al lector a meterse en ella.

saberperderPero no perfecta. Porque los adolescentes ya no regalan cedés. “Es cutre”, le dijo el hijo del Gran Wyoming a éste al contarle que un compañero le había regalado uno. Lo contaba el showman en la presentación del último disco de Manolo García. Bien, es sólo un ejemplo, aunque el hecho lo convertía en norma Matthew Robson, ese quiceañero y sin embargo analista de Morgan Stanley con su famoso informe que ha dado la vuelta al mundo.

Pero qué buena es la novela de David Trueba, no obstante. Sí acierta al mencionar la Campus Party y la cantidad ingente de música que se ‘bajan’ los chavales de ahora así como las referencias musicales a los grandes: Bob Dylan, The Rolling Stones, The Beatles, Led Zeppelin… el formato de almacenamiento variará pero la música perdurará. Y hay músicos y canciones que llevan superadas varias generaciones. Y las que les queden.

El vicio del blues: Top 5 Willie Dixon

Normalmente una vez cada dos meses, aproximadamente, y con una resaca de esas que duran dos días, me encierro en casa a esperar que mi equipo de fútbol gane (misión imposible) y a profundizar aún más en uno de mis vicios más confesables: el blues. 
Seguro que sois capaces de decir de carrerilla el nombre de cinco famosos bluesmen, probadlo. [Parón de tres minutos para que hagáis la lista] ¿Habéis incluido a Willie Dixon? Me juego una mano a que no, y no es justo. 
Los que han visto la reciente ‘Cadillac Records’ identificarán al personaje con un señor gordo que toca el bajo y compone alguno de los éxitos de Muddy Waters o Howlin’ Wolf. Pues bien, el horondo ex boxeador (como yo) es una de las personas, a mi juicio, que más ha influenciado la música popular. Lo hizo en el siglo XX y lo sigue haciendo en el XXI, así que me casco alegremente una lista con algunos de sus temas imprescindibles. Gracias, Mr. Dixon. 
1.- ‘Hoochie Coochie Man’, por Muddy Waters
2.- ‘Little red rooster’, por The Rolling Stones
3.- ‘Whole lotta love’, por Led Zeppelin (la copiaron de ‘You need love’, de Dixon)
4.- ‘Big Boss Man’, por Elvis Presley
5.- ‘Spoonful’, por Cream
Lo dejo en cinco porque esto de poner enlaces puede llegar a ser un poco tedioso, pero la lista podría ser eterna. Por cierto, la película ‘Million dollar baby’ le debe su título a una canción de Dixon.
Firmado: Hurricane Carter 

De izquierda a derecha, Willie Dixon, Muddy Waters y Buddy Guy. Tócate los huevos.

Normalmente una vez cada dos meses, aproximadamente, y con una resaca de esas que duran dos días, me encierro en casa a esperar que mi equipo de fútbol gane (misión imposible) y a profundizar aún más en uno de mis vicios más confesables: el blues. 

Seguro que sois capaces de decir de carrerilla el nombre de cinco famosos bluesmen, probadlo. [Parón de tres minutos para que hagáis la lista] ¿Habéis incluido a Willie Dixon? Me juego una mano a que no, y no es justo. 

Los que han visto la reciente ‘Cadillac Records‘ identificarán al personaje con un señor gordo que toca el bajo y compone alguno de los éxitos de Muddy Waters o Howlin’ Wolf. Pues bien, el horondo ex boxeador (como yo) es una de las personas, a mi juicio, que más ha influenciado la música popular. Lo hizo en el siglo XX y lo sigue haciendo en el XXI, así que me casco alegremente una lista con algunos de sus temas imprescindibles tocados por otros. Gracias, Mr. Dixon. 

1.- ‘Hoochie Coochie Man’, por Muddy Waters

2.- ‘Little red rooster’, por The Rolling Stones

3.- ‘Whole lotta love’, por Led Zeppelin (la copiaron de ‘You need love’, de Dixon)

4.- ‘Big Boss Man’, por Elvis Presley

5.- ‘Spoonful’, por Cream

Lo dejo en cinco porque esto de poner enlaces puede llegar a ser un poco tedioso, pero la lista podría ser eterna. Por cierto, la película ‘Million dollar baby’ le debe su título a una canción de Dixon.

Firmado: Hurricane Carter

Sexo en 12 compases

A estos (Motley Crue) les funcionó, y con esas pintas

Aunque al final dejaré claro que este post no vale para nada, aviso de que durante unos instantes pensaréis que tenéis en vuestro poder la receta del éxito, la fórmula magistral con la que satisfacer vuestros instintos. Leedlo con interés pero no esperéis demasiado: lo de sexo, drogas y rock and roll es al final más falso que una moneda de tres euros. 

Un amigo citaba el otro día de memoria una revista americana cuyo nombre no recordaba después de 3.000 cervezas para asegurar que AC/DC era el grupo que más animaba al sexo de la historia. No creo que sea así exactamente, pero bueno, ya me vais conociendo, así que la zona de mi cerebro que se dedica a elaborar pajas mentales se puso como una moto y aquí estoy, escribiendo del tema. 

Por si alguien no se ha dado cuenta, la música es en gran parte matemáticas. Hay fórmulas que se han mantenido con los años y que garantizan una reacción más o menos similar del oyente cada vez que se ejecutan. El sexo tiene su fórmula, es más, tiene LA FÓRMULA. La copio aquí:

I IV I I IV IV I I V IV I I

Los que no sabéis de negras y corcheas lo estáis flipando, ¿no? Pues no os asustéis que es muy sencillo: esa secuencia de 12 números romanos no es ni más ni menos que la estructura del blues, que posteriormente dio orígen al rock and roll tal y como lo conocemos hoy. Vamos, que no ha cambiado nada. 

Esa secuencia de acordes (nótese que sólo se utilizan tres) se vinculó con el sexo desde el primer momento, gracias también a las letras explícitas que soltaban los primeros bluesmen a principios del siglo XX. Las connotaciones sexuales de una estructura tan básica se fueron asentando culturalmente, e incluso se potenciaron. Chuck Berry, Elvis, Jerry Lee Lewis, The Rolling Stones, Led Zeppelin, AC/DC, Pereza (toma cuota nacional) y casi cualquier grupo que se os ocurra, utilizaron y utilizan esa sencilla estructura para hacer que su público mueva las caderas (otra canción que fusila el patrón) y se contonee con el prójimo o la prójima. El caso es que funciona, aunque de un modo relativo

Cuando un adolescente con las hormonas disparadas agarra una guitarra sólo piensa en una cosa: aparearse. En realidad piensa en eso todo el rato, pero con una guitarra en la mano cree que tiene dos opciones para conseguirlo rápidamente: hacerse músico o, en su defecto, cantautor. Si elige ser músico enseguida descubre la fórmula magistral, la utilizada durante décadas por gente como Jagger, Plant, Simmons, etc. para ir de sementales por la vida. Y se cree que va a funcionar. 

Pues bien, una encuesta cuasicientífica realizada del modo más informal entre músicos de élite apoyados en barras de bares demuestra que, efectivamente, esos 12 compases suscitan cierto ímpetu sexual en el oyente. Vamos, que el público tiende a rozarse cuando los acordes suenan y eso facilita el rollete en casi todos los sitios menos en el norte de la península, donde ni por esas se liga. Eso sí, hablamos del público, del que escucha los 12 compases. Los músicos encuestados (algunos muuuuuuuuuy reconocidos y otros como yo mismo) tienden a no comerse una rosca gracias a la fórmula magistral ya que, o tienen una relación formal o el público, enfrascado en el rozamiento, no les presta atención en esos momentos. Así que nuestro adolescente se queda a dos velas, pero sus amigos puede que tengan suerte si van a sus conciertos.    

Resumiendo: Algo hace que reaccionemos de cierto modo ante ciertos estímulos sonoros, pero el que piense que va a ligar gracias a una fórmula matemática va listo. 

Firmado: Hurricane Carter

Por la carreteras fúnebres del rock

BSO: KISS | I Was Made for Lovin’ You


A Frank Zappa se le atribuyen dos frases gloriosas sobre el periodismo. Una: “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Y la otra: “El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer.” Aún así, entre los plumillas de la cosa hay excepciones honrosas (no creo muy probable que encuentres ninguna de ellas entre los textos de ésta tu casa, pero ése es otro asunto). Uno de ellos escribe para las revistas estadounidenses Spin y Esquire y responde al nombre de Chuck Klosterman, sobre todo cuando alguien le llama.

En ruta por las carreteras del rock

Klosterman es uno de los tipos más descacharrantes a los que jamás he leído y, desde que Mondadori publicó en España Pégate un tiro para sobrevivir (2006), ocupa un lugar destacado en mi santoral particular. El libro cuenta un viaje de dieciocho días de Nueva York a Seattle con el objetivo de visitar lugares ligados a la historia del rock porque en ellos fallecieron algunas estrellas del aguambabuluba o del balambambú. Por supuesto, el autor relata el accidente aéreo en el que falleció Buddy Holly, pero el camino le sirve de excusa para hablar sobre cualquier cosa que se le ocurra. Mi frase favorita del libro se refiere a la droga: “Te darás cuenta si estás enganchado cuando te dé igual el cedé donde la cortas”.

A continuación, copio algunos extractos del capítulo en el que Klosterman decide qué discos debe llevarse al viaje:

Me llevará tres horas decidir qué discos compactos amontonar en el asiento trasero de Tauntan. Éste es el tipo de dilema que puede hacer que un tipo como yo pierda el sueño. Jamás me ha preocupado la posibilidad de una guerra nuclear ni la economía ni si resulta imprescindible o no establecer un Estado palestino, pero puedo pasar muchísimo tiempo debatiéndome entre comprar o no comprar los álbumes poco destacables de los Rolling Stones de los años ochenta. [...] Tengo dos mil doscientos treinta y tres cedés. [...] Podría afirmar que quinientos de esos álbumes los tengo repetidos (en casete y en disco compacto) y que tengo tres copias de muchos de ellos (por ejemplo, compré los veintiséis álbumes de KISS en cinta, después los compré en cedé, y después volví a comprarlos en cedé cuando los remasterizaron en 1999, lo cual únicamente quiere decir que alguien se metió en un estudio e hizo que los temas sonasen más fuerte). [...] Tengo catorce discos de los Smashing Pumpkins, aunque sólo me gustan dos. Tengo todo lo que Britney Spears ha sacado a la venta; eso se debe a que creo que algún día “lo necesitaré”, a pesar de que no se me ocurre todavía qué podría generar dicha necesidad. Tengo más cedés que el noventa y nueve por ciento de los estadounidenses, pero menos que el cuarenta por ciento de mis amigos. Si descubro que un conocido tiene más cedés que yo me siento intimidado y castrado. Pienso mucho en mis cedés. [...] Me pregunto cuántos pasarán la criba para acompañarme a lo largo de mi viaje por el país. [...] Sólo puedo llevarme los que resulten absolutamente indispensables.

Acabo eligiendo seiscientos.

Firmado: Ander de Brich