Por la carreteras fúnebres del rock

BSO: KISS | I Was Made for Lovin’ You

A Frank Zappa se le atribuyen dos frases gloriosas sobre el periodismo. Una: “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Y la otra: “El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer.” Aún así, entre los plumillas de la cosa hay excepciones honrosas (no creo muy probable que encuentres ninguna de ellas entre los textos de ésta tu casa, pero ése es otro asunto). Uno de ellos escribe para las revistas estadounidenses Spin y Esquire y responde al nombre de Chuck Klosterman, sobre todo cuando alguien le llama.

En ruta por las carreteras del rock

Klosterman es uno de los tipos más descacharrantes a los que jamás he leído y, desde que Mondadori publicó en España Pégate un tiro para sobrevivir (2006), ocupa un lugar destacado en mi santoral particular. El libro cuenta un viaje de dieciocho días de Nueva York a Seattle con el objetivo de visitar lugares ligados a la historia del rock porque en ellos fallecieron algunas estrellas del aguambabuluba o del balambambú. Por supuesto, el autor relata el accidente aéreo en el que falleció Buddy Holly, pero el camino le sirve de excusa para hablar sobre cualquier cosa que se le ocurra. Mi frase favorita del libro se refiere a la droga: “Te darás cuenta si estás enganchado cuando te dé igual el cedé donde la cortas”.

A continuación, copio algunos extractos del capítulo en el que Klosterman decide qué discos debe llevarse al viaje:

Me llevará tres horas decidir qué discos compactos amontonar en el asiento trasero de Tauntan. Éste es el tipo de dilema que puede hacer que un tipo como yo pierda el sueño. Jamás me ha preocupado la posibilidad de una guerra nuclear ni la economía ni si resulta imprescindible o no establecer un Estado palestino, pero puedo pasar muchísimo tiempo debatiéndome entre comprar o no comprar los álbumes poco destacables de los Rolling Stones de los años ochenta. […] Tengo dos mil doscientos treinta y tres cedés. […] Podría afirmar que quinientos de esos álbumes los tengo repetidos (en casete y en disco compacto) y que tengo tres copias de muchos de ellos (por ejemplo, compré los veintiséis álbumes de KISS en cinta, después los compré en cedé, y después volví a comprarlos en cedé cuando los remasterizaron en 1999, lo cual únicamente quiere decir que alguien se metió en un estudio e hizo que los temas sonasen más fuerte). […] Tengo catorce discos de los Smashing Pumpkins, aunque sólo me gustan dos. Tengo todo lo que Britney Spears ha sacado a la venta; eso se debe a que creo que algún día “lo necesitaré”, a pesar de que no se me ocurre todavía qué podría generar dicha necesidad. Tengo más cedés que el noventa y nueve por ciento de los estadounidenses, pero menos que el cuarenta por ciento de mis amigos. Si descubro que un conocido tiene más cedés que yo me siento intimidado y castrado. Pienso mucho en mis cedés. […] Me pregunto cuántos pasarán la criba para acompañarme a lo largo de mi viaje por el país. […] Sólo puedo llevarme los que resulten absolutamente indispensables.

Acabo eligiendo seiscientos.

Firmado: Ander de Brich

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2 Respuestas a “Por la carreteras fúnebres del rock

  1. Chuck es un grande, aunque le gusten los discos de Frehley, Simmons, Criss y Stanley en solitario. O igual es un grande por eso, no sé.

  2. Pingback: No somos nada « “It’s only rock and roll but I like it”

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