Crónicas de conciertos: Ejercicio práctico

Jane Birkin

A unos les conmovió, para mí es mejor musa que artista

En el periodismo musical no vale el cuento de la objetividad. Cuando uno trata de contar qué le ha parecido un disco o un concierto se limita a describir sentimientos absolutamente subjetivos y personales, reacciones propias ante un estímulo, la música, que no provoca las mismas reacciones en todo el mundo. Eso hace que leer sobre música sea divertido, nos guste y nos cabree en función de nuestras filias y fobias. 

El lunes por la noche estuve viendo a Jane Birkin en el teatro Rialto de Madrid. Únicos datos objetivos: El teatro estaba medio vacío y el público estaba dividido entre un puñado de fans acérrimos de origen francés o con estudios en el Liceo y una larga lista de periodistas invitados para rellenar huecos en las butacas (ahí estaba yo). 

Las reacciones allí mismo eran de lo más diverso. Hubo quien aplaudió hasta romperse las manos y hubo quien optó, como yo, por entrar en el “modo risa floja” para evitar caer dormido antes de tiempo. Vamos, que el público era escaso y estaba encima dividido. Pero no voy a hacer todos los juicios que me pide el cuerpo sobre el concierto de marras ya que lo quiero mostrar hoy es un ejemplo de lo subjetivo que es y debe ser el periodismo musical

Al día siguiente, ayer, me da por  leer las crónicas de los periódicos y me encuentro lo que sigue:

El eterno ronroneo de la musa, por Fernando Neira en EL PAÍS. No suelo estar de acuerdo con Fernando habitualmente, pero esta vez se ha salido, ha sido valiente y le ha puesto palabras a lo que yo vi: un turrón del duro. Un extracto:

Se deja querer, besa a sus músicos durante las presentaciones, chapurrea un castellano indescifrable entre canción y canción. Tiene a los fieles en el bote. Pero sólo a los fieles: cuesta imaginar la aparición de algún converso después de un concierto tan plano, monótono y reiterativo como el de anoche.

Jane Birkin, 40 años de amor, por Ignacio Serrano en el ABC. Éste se lo pasó como un enano, y me parece bien aunque no coincida con él para nada. Seguro que sabía francés. Otro extracto:

Interpretando canciones de Gainsbourg que nunca había cantado, caminando por el minimalismo, el melodrama y a veces —posiblemente las más convincentes— por la francachela, paseándose entre el público, Birkin redondó una actuación que, a pesar de desarrollarse en un claro crescendo emocional, llenó el alma de principio a fin.

Conclusión: ¿Vieron los dos el mismo concierto? Por supuesto. ¿Uno de los dos miente? No. La música afortunadamente no provoca las mismas reacciones en todo el mundo, si así fuera seríamos unos aburridos de cojones y no tendría sentido un blog como éste dedicado al arte absurdo pero entretenido de discutir sobre cuatro acordes colocados encima de un ritmo.

Firmado: Hurricane Carter

2 Respuestas a “Crónicas de conciertos: Ejercicio práctico

  1. Muchos crírticos van con las crónicas si no ya escritas, medio escritas de antemano.

  2. Cuanta razón tiene usted, linterior (Cramps forever, aprovecho para decir).

    Estoy más con Neira que con Serrano. Yo también estuve y también me aburrí por momentos. Seamos claros: Birkin -aunque entrañable- es arrítmica y carece de voz. Gran parte de su encanto y su tirón residen en haber sido la esposa del GRANDÍSIMO Gainsbourg; y yo en realidad fui a escuchar las versiones que de él hizo (cayeron unas cuantas) mas que su propio repertorio, en efecto bastante plano. La puesta en escena sí estuvo bonita y los músicos estuvieron en su papel. Poco más.

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