Lo sexual (¿e inmoral?) de ‘compartir’ canciones con un Leyio

Nunca he tenido claro por qué no era ‘pecado’ hacer una cinta de varios en los ochenta (y setenta). Si uno se lo planteaba quizás hubiera llegado a la conclusión de que era ilegal pero en el ambiente no flotaba el que fuera inmoral. Tu vecino te pasaba el vinilo o cinta de vídeo de un concierto del grupo de moda del momento o de algún descubrimiento de hace años, y tú, pues te lo grababas. Nadie desde un púlpito te decía que fueras a quedarte ciego o a sufrir la desecación de la médula espinal. El sexo o las pajas tenía mucha peor prensa. Ya no. Corren buenos tiempos para el sexo pero malo para el intercambio de canciones entre vecinos… si es que se hace por Internet. ¿Y se hace en la calle, a la vieja usanza?

Desde luego no creo que se hayan inventado el cacharrico Leyio, que ahora llega a España, para dar respuesta a mi pregunta, y menos para ayudar a saltarse la ley. Pero de vez en cuando me gusta hacerme pajas (para compensar la carencia de mis atemorizados antepasados recientes). Es una gran memoria usb que copula con otras memorias usb intercambiando archivos con ellas sin necesidad de que haya un ordenador de por medio. Ni de Internet. Además, es capaz de sacar su órgano activo con memoria para ‘calzarse’ e inseminar a cualquier ordenador. También tiene el clásico cable. Lo mejor y más novedoso es que con los de su especie, otros Leyios, practica sexo, activo o pasivo, platónico o mental. Los Leyios son capaces de embarazarse de canciones, películas, fotos, archivos, enlaces de redes sociales… sin tocarse. Sólo hay que presentarlos (se sincronizan en un pispás) y agitarlos con un movimiento guachipeich.

Lo veo como un artilugio curioso para ‘compartir’ (duplicar, replicar, clonar) fuera de la cada vez más controlada red y puede que una excusa para socializar (y lo que se tercie) carnalmente. Los inventores, franceses, lo venden como algo único y diferente: al no tener reproductor no compite con nadie (políticamente correcto) y al ser original el chismático, si triunfa, puede que a alguna marca de reproductores potentes se le pongan los dientes largos y decida comprar la tecnología o directamente la empresa. Quizás Tedy Flautista no llegue a ver su éxito. Si lo ve, puede ver en él el enésimo complot judeomasónico. Lo peor, la pasta que cuesta: 180 laruos.

Fdo: Paolo Tassotti

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