La música no necesita que la salven

Cuando a algún jerifalte de una discográfica se le llena la boca de mala baba diciendo que España es el país donde más abunda la piratería está mintiendo. En realidad hace referencia a lo que se considera “primer mundo”, evidentemente, porque en los países donde no hay ni un duro no es que no haya “piratería”, es que no hay industria.

Es el caso de Latinoamérica. Allí casi todo el mercado cultural está basado en la copia, ya ni siquiera en la descarga, que es un privilegio de unos pocos en un número muy contado de países. 
Haciendo referencia a esto, el otro día un mandamás de un potentísimo sello internacional me soltó la siguiente frase: “Hay bandas que llenan sus conciertos en países latinoamericanos donde ni siquiera editamos los discos, se están cargando la música y esto no hay quién lo salve”. Y se quedó tan agusto.
Evidentemente estaba confundiendo música con industria discográfica, que es algo que no tiene nada que ver aunque el gorrón medio tenga tendencia a identificarlo como la misma cosa en su discurso. Cada vez hay más grupos españoles “haciendo las Américas” y haciendo dinero en el otro lado del charco gracias a las giras. Es un gran negocio para los músicos, repito, un gran negocio, pero el intermediario clásico raras veces trinca. Mala suerte. 
En todo caso si una banda llena un estadio en, pongamos, Quito, sin haber vendido ni un sólo CD allí, la conclusión debería ser otra: La música goza de un estado de salud envidiable, la venta de plástico no, y eso hace que cada vez más el mercado tienda a beneficiar al músico antes que al intermediario. No sé, a mí me parece una noticia cojonuda, es como si nos rebajaran el precio de los tomates porque se ahorrara pasta en la distribución y el dinero fuera a parar a quien los planta.
Firmado: Hurricane Carter
Nota: Me entusiasma la palabra fardahuevos.

Éste tío (Beethoven) no vendió ni un CD en vida, y a su música no le fue nada mal

Es el caso de Latinoamérica. Allí casi todo el mercado cultural está basado en la copia, ya ni siquiera en la descarga, que es un privilegio de unos pocos en un número muy contado de países. 

Haciendo referencia a esto, el otro día un mandamás de un potentísimo sello internacional me soltó la siguiente frase: “Hay bandas que llenan sus conciertos en países latinoamericanos donde ni siquiera editamos los discos, se están cargando la música y esto no hay quién lo salve”. Y se quedó tan agusto.

Evidentemente estaba confundiendo música con industria discográfica, que es algo que no tiene nada que ver aunque el gorrón medio tenga tendencia a identificarlo como la misma cosa en su discurso. Cada vez hay más grupos españoles “haciendo las Américas” y haciendo dinero en el otro lado del charco gracias a las giras. Es un gran negocio para los músicos, repito, un gran negocio, pero el intermediario clásico raras veces trinca. Mala suerte. 

En todo caso si una banda llena un estadio en, pongamos, Quito, sin haber vendido ni un sólo CD allí, la conclusión debería ser otra: La música goza de un estado de salud envidiable, la venta de plástico no, y eso hace que cada vez más el mercado tienda a beneficiar al músico antes que al intermediario. No sé, a mí me parece una noticia cojonuda, es como si nos rebajaran el precio de los tomates porque se ahorrara pasta en la distribución y el dinero fuera a parar a quien los planta.

Firmado: Hurricane Carter

Nota: Me entusiasma la palabra fardahuevos.

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