Cien razones por las que salvar los años 80 (4): el “I’m Your Man” de Leonard Cohen lo vende todo

A la mayoría de ustedes les sonará la situación. Alguien les pregunta qué discos están escuchando últimamente y, cuando responden, la cara de póker de su interlocutor es de cuidado. En algunos casos, especialmente en la adolescencia, tras las fases de interés y estupefacción llegaba la de cabreo y, a veces, una acusación de esnobismo: “Te estás haciendo el interesante. En realidad, tú lo que escuchas es a Melendi, como todo el mundo”, venían a decirte.

Y es que muchos se niegan a creer que prestemos más atención a Bill Callahan que a Coldplay; que nos gusten los Surfin’ Bichos y, en cambio, Maná nos parezca irrelevante; o que, allá por los años ochenta, nos interesasen más The Smiths que los Dire Straits. Notarán que me estoy esforzando para que los ejemplos de lo que no me tira no sean tan obvios como el desprecio genérico (y, en mi opinión, justificado) hacia todo lo que haya salido de Operación Triunfo y que no firme sus discos con un nombre sacado de Cien años de soledad.

El bueno de Leonard lo tiene tan claro como Woody Allen: la razón para hacerte artista es que se folla más.

El bueno de Leonard lo tiene tan claro como Woody Allen y nos lo tiene dicho: la razón para hacerte artista es que se folla más.

Llegados a esta altura del texto se preguntarán qué rayos tiene que ver esta perorata con el título de la entrada, así que no me va a quedar más remedio que explicarme. Durante un montón de años he negado las acusaciones de esnobismo con cinco ejemplos de discos que arrasaron en las listas de ventas, que, en consecuencia, gustaron a todo el mundo, y que a mí también me hicieron gozar como a un enano. Se trata de Automatic For The People y Out of Time de R.E.M.; Nevermind de Nirvana; Achtung Baby de U2 y I’m Your Man, de Leonard Cohen. Ustedes, que son gente de mundo, ya habrán notado que cuatro de ellos son de los primerísimos noventa, pero que el último de ellos es de 1988. Y ahí quería yo llegar, al discazo con el que despidió la década el gran mujeriego canadiense.

Pese a que los arreglos del disco no son del todo de mi gusto, de las ocho canciones de I’m Your Man, cuatro me parecen obras maestras, dos más que notables y otras dos sólo buenas. ¿Se puede pedir más? Porque este álbum también nos lo ofrece. Por sus canciones han pasado las manos de los Pixies, las de R.E.M., las de Nick Cave and The Bad Seeds o las de Rufus Wainwright y todos ellos nos han ofrecido algo nuevo y valioso. Y eso dejando al margen la adaptación mayúscula del First We Take Manhattan que grabaron Enrique Morente, Estrella Morente y Lagartija Nick para el Omega.

Parece que lo suyo sería incluir aquí el vídeo de First We Take Manhattan pero la estúpida e inexplicable política de inserción en otras páginas que se llevan a medias el Tutubo y las discográficas no nos lo permiten. Habrá que conformarse con una interpretación en directo de Everybody Knows, que tampoco es moco de pavo.

Así que, cuarta razón para salvar los años ochenta: En 1988 se publicó I’m Your Man y además tuvo éxito.

Firmado: Ander de Brich

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