Canciones para cortarse las venas (IV)

Tras unos primeros años de carrera dedicados al rock ruidista de la mano de Eliminator Jr. y Manta Ray, Nacho Vegas publicó su primer álbum en solitario en 2001. En aquel Actos inexplicables destacaba la canción que rescatamos hoy. Se llama El ángel Simón y en ella, Vegas, que se distingue por ser la alegría de la huerta, nos cuenta un suicidio y sus consecuencias en un amigo de, “como dijo el juez”, el finado. El videoclip tiene pinta de estar hecho por algún fan del asturiano, pero se deja ver.

Simón, desde que te fuiste tengo que decir
que la verdad, no estamos nada mal sin ti
También es cierto que podríamos
estar mejor, pero ya ves, las buenas cosas mueren
bajo el sol y ahora es la memoria mi guía
porque, eso sí, pienso en ti cada día
Desde aquella mañana de agosto reinventada
hasta la saciedad sin lograr encontrar nada de
nada, ni una explicación ni un porqué
al que poder aferrarme (y ahora no sé por
qué viene a mi mente el colchón que
tuvimos que bajar Javi y yo a la basura sin poder
dejar de mirar esa mancha oscura que allí
nos dejaste como herencia y recuerdo antes de
partir en tu último viaje, probablemente al
infierno)

Y me vas a disculpar si nunca te llevo rosas. Me
vas a permitir contar algunas cosas sobre lo
poco que sé de tus días de vino y
rosas con todas las bromas. Como aquella en que
al pasar delante de una funeraria nos
decías “agachaos, no vaya a ser que
os tomen las medidas”. Ése era tu consejo, tu
sabio consejo y no estuvo mal, pero se te
olvidó algo importante: Tú
también tenías que agacharte
Sí, tú también tenías que agacharte,
pero nunca quisiste cuidarte, no,
nunca quisiste cuidarte.

Y quiero pensar que por una vez hice algo mejor
que tú. Quiero pensar que por una vez hice
algo mejor que tú, que ni siquiera
acabaste esa carta de despedida que en el
ordenador Santi encontró perdida. Y ahora
que perdiste tan absurdamente la partida, ahora
estoy cansado y hasta tengo miedo de mi propia
vida y sé que lo tendré toda la
puta vida, decida lo que decida

Bueno, al final tal vez tuviste suerte porque tal
vez -dímelo tú- mejor que ser un
hombre solo y arruinado resulte ser, como dijo el
juez, “el finado” (mientras se tapaba la
nariz con su pañuelo). Y desde cualquier
lugar dondequiera que ahora te estés
pudriendo sólo quiero que sepas que ya no
te tengo miedo, que ahora estoy cansado y
sólo tengo miedo de mi propia vida y que
sé que lo tendré toda la puta vida,
decida lo que decida

Como tú siempre decías:
“Formalidad poca, pero que dure”,
como tú siempre decías.

Gracias.
Así es y así será toda mi
vida, decida lo que decida.

Firmado: Ander de Brich

En episodios anteriores:
Enrique Santos Discépolo: Confesión
The Smiths: How Soon Is Now?
Los Suaves: Siempre igual

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