Los gustos de Antony y los de su público (en Madrid)

A los artísticos hago referencia. El tipo es un enamorado de la danza desde hace tiempo. Hace no mucho se quedó impresionado con el maestro japonés de buto Kazuo Ono, y le dedicó la portada de su último disco, ‘The crying light’ (para el que escribe no tan bueno como su genial ‘I am a bird’) con una impactante fotografía del bailarín en plan bailaora. Pues bien, llegó Antony junto con The Johnsons a Madrid para tocar con una performance previa. Él y su banda brillarían después, estremeciendo, hipnotizando (y demás ‘andos’ positivos) a un público que cada vez que acude a ver al artista no espera menos de este peculiar y original artista. Eso no es noticia a estas alturas de la carrera del neoyorquino de adopción. Conciertazo casi perfecto, pues hubo momentos en los que se pasó enlazando canciones pausadas.

Parece guay... pero es culpa de la foto.

Parece guay... pero es culpa de la foto.

Volvamos a la performance del principio, dividida en tres actos. A mitad del primero, empieza a darme la risa. Después del segundo me planteo la posibilidad de que no estoy capacitado para entender de qué va el asunto. Y tras el tercero me mosqueo con Antony (evidentemente en cuanto empieza a cantar hago las paces con él y disfruto). Y más me cabreo con el público, que demuestra que aplaude por no parecer inculto o idiota más que por empatía con la bailarina plateada, primero con ramas, después con hoces y por último con alas (y con un cuerpazo: eso lo apreció la chica que iba conmigo, que conste). Esta afirmación la argumento en que no aplaudieron una mierda, quizás por estupor, tras el primer movimiento; aplaudieron un poco más tras el segundo, y mucho más tras el tercero. Y de verdad, entre el tercero y el último no había mucha diferencia. Tampoco en la música grabada: minimalismo industrial de instalación de arte moderno chunga.

Oye, Antony, de acuerdo: la gente te aplaudió por respeto, por la admiración que le tiene, porque tiene que haber sido idea tuya. Antoñito, hostias, no todo vale para introducir un concierto. Tus gustos no tienen que ser como los de tu público, creo que en este caso fue demasiado pedir. La mayoría de los cronistas prefirieron, por amor a tus canciones, obviar el número. ¡En mi caso la bailarina hizo que no se me quitase la sensación de bochorno hasta tu tercera canción!

Firmado: Paolo Tassotti

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