Verano de crisis

Hubo una época en la que el dinero caía de las grúas

“Ahora es cuando sabemos cuánto cobramos, habrá que aceptarlo, antes los ayuntamientos nos pagaban con un dinero que era mentira, el de las licencias urbanísticas”. Con esta frase me resumía hace unos días cómo está el patio de los bolos de verano una cantante que, afortunadamente, no se queja demasiado porque sigue ganando un pastizábal.

Está claro que el estallido de la burbuja inmobiliaria nos ha jodido a todos, pero en el caso de superventas, ex triunfitos y músicos de orquesta el daño ha sido brutal. Seguramente muchos estaréis pensando “que les den a los superventas y a los ex triunfitos”, y os estaréis equivocando.

Desearle el mal al más rico es un deporte a nivel mundial, pero es necesario un Cristiano Ronaldo para que la Liga tenga interés y el resto de los currelas del balonpié tengan su sueldo. Con la música pasa igual. Si se reduce a la mitad el dinero que ingresa el Nº 1 de ventas el precio de un concierto de alguien que reúne a 5.000 personas menos por noche se hunde. Y eso afecta a todos.

Habrá algún enterao que saldrá diciendo que hay quien se salva, que ahí están las decenas de festivales independientes (con pasta de ayuntamientos siempre, ‘of course’) que salpican la piel de toro en el verano. Si os fijáis bien en los carteles veréis que se están repartiendo el pastel entre cuatro y tocando mucho más que otras veces para ver si compensan que este año…no hay un duro. Antes había que rebajar el precio para entrar en los festivales, ahora hay que hundirlo.

Habrá aún alguno más enterao que dirá que para qué quieren ganar tanta pasta los artistas, que están forraos. Bueno, cuatro o cinco sí que están forraos, pero como diría Florentino Pérez, “es que generan ese dinero, y más”. Recomiendo encarecidamente a este último enterao que cada vez que vea a una presunta estrella del rock le pregunte cuánto cobra o, mejor, de qué curra realmente.

¿Solución al problema? Pues básicamente depender menos del dinero público, ajustar los precios y rezar para que surjan promotores privados honestos que apuesten por un negocio sostenible y no pretendan dar el pelotazo montando un único concierto. Público hay, coño.

Firmado: Hurricane Carter

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