Cien razones por las que salvar los años 80 (38): El ruido a pedales de My Bloody Valentine

El seminal Isn’t Anything (1988) no es tan redondo como Loveless (1991), pero en él se apuntan ya todas las claves que convertirían a My Bloody Valentine en uno de los grupos abanderados del movimiento mirapiés. La banda de Kevin Shields cubre con capas y capas de ruido y distorsión unas melodías que, con otro envoltorio, podrían haberse traducido en pop cristalino. El suyo es uno de esos casos (como los de The Velvet Underground o Pixies) en los que la trascendencia de su música pasa desapercibida hasta que, unos años después, toda una generación de músicos los cita como la llave que abrió todas las puertas. Al menos, con la inclusión de Sometimes en la banda sonora de Lost In Translation encontraron la excusa perfecta para retornar a los escenarios y ensordecer a la inmensa minoría que no había podido disfrutar de su directo en los escasos años que estuvieron en activo. Por aquel entonces, se desenvolvían tal que así:

Firmado: Ander de Brich

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