Por qué sigo leyendo Rockdelux

Les doy la razón en la mayoría de sus críticas. A todos. Los de la Rockdelux son esnobs, sus textos muchas veces son pedantes, relamidos y excluyentes; demasiadas veces hablan desde la cátedra y, en sus listas, aunque muchas veces coincida con ellos, siempre parecen buscar la manera de epatar y destacar algo que a nadie le ha llamado la atención.

¿Alguien ha visto esta peli?

¿Alguien ha visto esta peli?

Lo de los mejores del año en el apartado de música nacional suele ser delirante, pero de todas las listas que he leído en la revista, mi favorita absoluta es la de las 19 mejores películas (1984-2002) que publicaron en el especial del número 200. De ellas, seis no se habían estrenado en España, y, quede claro, estamos hablando de años en los que descargar películas o verlas en Internet era casi imposible; una, Superstar, la habían visto 971 espectadores; otras seis no habían llegado a las 6.000 entradas vendidas, cinco se habían movido entre los 8.000 y los 16.000 espectadores, y la más vista, Ponette, había llevado a las salas a 20.134 personas. No crean que me he tenido que documentar durante varias horas para conseguir las cifras, es que encima se chuleaban y ¡las ponían en la revista!

Y aún así sigo pasando religiosamente por caja todos los meses. ¿Por qué?, se preguntarán, y esa explicación que les debo, se la voy a pagar:  me gustan los textos de David Saavedra, a quien debo, entre otras cosas, haber descubierto a The Delgados, a Stars o a TV on the Radio. Además, ha sido en la revista donde he oído hablar por primera vez de varios grupos y discos que considero fundamentales. Como la lista podría ser demasiado larga, me conformaré con destacar a The Magnetic Fields, The Arcade Fire, The Moldy Peaches o Hefner. La primera vez que leí sobre todos ellos fue en Rockdelux.

Hay números que no me dicen nada, pero es raro el año que pasa sin tres o cuatro hallazgos que justifican tener que leer textos como la castaña que se marcaban en mayo porque habían juntado en una habitación a Dan Treacy (de Television Personalities) con J, de Los Planetas. Sin ir más lejos, en el último número, la revista dedicaba la sección Revisión a Neutral Milk Hotel, un grupo efímero de finales de los noventa que en su día me pasó completamente desapercibido. Gracias a ese texto, he rescatado su magnífico In the Aeroplane Over the Sea y, en un par de semanas, su fanfarria psicodélica se ha convertido en clara candidata a ser uno de los discos que me llevaría a una isla desierta. Por eso leo Rockdelux.



Firmado: Ander de Brich

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2 Respuestas a “Por qué sigo leyendo Rockdelux

  1. Pues menuda pasta te has dejado en conocer a cuatro o cinco grupos y cuánto tiempo libre has tirado leyendo paridas.

  2. Yo no la compro mucho, pero pienso igual que tu: a mi me compensa descubrir grupos, aunque sean pocos, que me pueden alegrar el dia, la semana o el año, y con suerte la vida.

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