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Ñoños, babosos, llorones y entrañables

Yo ni siquiera quería su disco. Le había pedido a mi prima que me grabara el Persecución de Pistones, pero en las cintas de sesenta minutos de TDK siempre sobraban más de veinte. Así que allí, en los minutos de la basura de la cara B me encontré sus únicas seis canciones:

Me encantaron. Tengan en cuenta que entonces ni siquiera me había empezado a plantear que el acné pudiera llegar a ser un problema. Tal vez un chaval algo melodramático de EGB era su público ideal, no lo sé. Canciones como El perdedor o Tenemos que hablar otra vez cotizaban alto para entrar en un top imaginario de llorones que se quieren cortar las venas.

El caso es que nunca supe de nadie que los conociera o que los destacase. Es más, siempre que se habla los primeros años de la movida, entre los babosos se enumera a Los Secretos, a Nacha Pop y a Mamá, y nadie se acuerda de Los Modelos.

Ahora se edita un disco con todas sus grabaciones (oficiales, maquetas y actuaciones) y me he puesto entrañable.

Firmado: Ander de Brich

Nota oficial: Por razones que no vienen al caso, en unos días, acompañaré a Tassotti y Carter en su ciberexcedencia oficiosa. Pero antes de entrar en barbecho -durará por lo menos hasta que termine el Mundial-, espero que me dé tiempo a dejarles unas entradas de despedida. Comienza la cuenta atrás: Cinco

Cien razones por las que salvar los años 80 (46): Hüsker Dü: ‘hardcore’ después del ‘hardcore’

Era de dominio público: Bob Mould y Grant Hart eran abiertamente homosexuales y se les acusaba de hacer punk comercial. ¿Se trataba de dos datos independientes o formaban parte ambos de la una sola acusación? A mí me daba igual. De hecho, no me enteré de que hubiera polémica al respecto hasta que ya hacía tiempo que se habían separado. La única duda que tenía era a qué venía eso de llamarse Hüsker Dü y qué carajo significaba (“¿Te acuerdas?” en danés, según leo por ahí). De todas las bandas norteamericanas de hardcore, post-hardcore, slowcore, mega-hardcore y qué-sé-yo-core eran con diferencia mis favoritos. Al parecer, no soy el único.

Firmado: Ander de Brich

Cien razones por las que salvar los años 80 (45): Marty McFly y el condensador de fluzo

En todos los premios de cine que reconocen a las mejores películas de la temporada (es igual que se trate de los Oscar, los Globos de oro, los Bafta o los Culebroni), hay una tendencia a menospreciar a las comedias. Los votantes siempre prefieren pelis grandiosas como Memorias de África, Pasaje a la India o El último emperador y son incapaces de reconocer los méritos de las cintas que mueven a la sonrisa o a la carcajada.

Creo que no estoy solo en mi cruzada a favor del género, pero los sesudos críticos que defienden ideas parecidas siempre remiten a grandes del cine clásico como Billy Wilder, Preston Sturges, Howard Hawks o George Cukor (cuyas películas son la leche, ojo) y desprecian a las comedias contemporáneas. Yo creo que no hay que irse tan lejos para encontrar ejemplos defendibles:

El guión de Regreso al futuro es pura ingeniería narrativa. Está repleto de guiños y de piezas que no dejan de moverse para encajar en los dos planos temporales de la peli. ¿Un ejemplo? Antes de que Marty McFly viaje al pasado, se encuentra con Doc Brown en el aparcamiento del  centro comercial Los pinos gemelos. Lo primero que hace McFly en 1955 es llevarse por delante un granero y un árbol con su Delorean, Cuando hora y pico después consigue regresar a su época, nos encontramos con que el centro comercial ha cambiado de nombre:

Regreso al futuro

El pino solitario, ¡toma ya!

Además, la peli es divertida y está llena de referencias pop: Darth Vader atronando a George McFly con una canción inédita de Van Halen; Huey Lewis rechazando que Marty actúe en el festival por ser “demasiado ruidoso”; y, sobre todo, el gag de Marvin Berry y Johnnie B. Goode (“Primo Chuck, creo que he encontrado el sonido que estabas buscando”).

Hay pocas cosas que definan más a los años 80 que Regreso al futuro, los yigovatios (por gigawatios) y el condensador de fluzo.

Firmado: Ander de Brich

Cien razones por las que salvar los 80 (44): Un grupo de una sola canción, pero qué canción…

He estado a punto de no incluir a The La’s entre las cien razones por las que salvar los ochenta porque en todas partes pone que su único disco se publicó en 1990. Pero no, esta maravilla, como queda bien claro en el copyright que sale  al final del vídeo, es de 1988.

Firmado: Ander de Brich

Cien razones por las que salvar los años 80 (43): Las 500 millas más pegadizas de la historia

La vez número 500 que pones la canción, querrías asesinar a los dos Proclaimers, al de cara de mazapán y al de la cara de polvorón, pero seguro que las 499 escuchas anteriores te han hecho bailar, vocear y pegar saltos. Los gemelos Charlie y Craig Reid nunca tendrán tanta influencia como los otros Reid, sus paisanos  y también hermanos Jim y William, pero con 500 miles fabricaron un himno imperecedero que puede formar parte sin problemas del repertorio ideal de cualquier fiestuqui cachonda:

Firmado: Ander de Brich

Cien razones por las que salvar los años 80 (42): Los últimos discos de “la única banda que importa”

La obra cumbre de The Clash no se publicó en los años 80 por nueve días. London Calling vio la luz el 22 de diciembre de 1979 y supuso -cito a Diego A. Manrique en EP3– “la superación del punk rock en su versión más elemental, un feliz ejemplo de maduración de unos creadores”. Aunque este álbum no fue superado por los tres últimos que publicaron Joe Strummer y compañía, el grupo conoció un éxito colosal en los primeros años de la década y no eran pocos quienes se referían a él como “la única banda que importa”.

Durante los cuatro años  que aún estuvieron en activo publicaron el disco triple Sandinista, que fue un ejercicio de incontinencia creativa al que un poco de poda no le hubiera venido mal; Combat Rock, lo más notable que los Clash publicaron en los 80; y Cut the Crap, el canto del cisne -en mi opinión, no demasiado relevante- de un grupo que se extinguía. Al menos, entre los sesenta cortes de sus últimos elepés había joyas como éstas:

Para quien quiera saber más sobre Strummer y el grupo, recomiendo el documental Joe Strummer, the Future is Unwritten.

Firmado: Ander de Brich

Cien razones por las que salvar los años 80 (41): The Happy Mondays y las fiestas de 24 horas

El auge del sonido Manchester duró entre poco y muy poco. A caballo entre los últimos 80 y los primeros 90, su influencia en lo musical fue efímera, pero las canciones de bandas con el sello de Madchester, a medio camino entre el indie y la música de baile, sirvieron de banda sonora a un fenómeno que aún perdura. Me refiero a las raves, esos fiestones de nunca acabar, que, acompañados por dosis indiscriminadas de éxtasis, se extendieron como la pólvora y que en España estuvieron más relacionados con el house y el bakalao.

A raíz del fenómeno, en 1988 los Happy Mondays grabaron 24 Hour Party People, una canción que sirvió de himno a la juventud empastillada de las islas y que los mancunianos se creyeron a pies juntillas. Desde ese momento, Shaun Ryder y sus compinches se propusieron batir varias plusmarcas mundiales de ponerse hasta las cejas y anduvieron cerca de conseguirlo.

Su estancia en Jamaica para grabar Yes Please! en 1992 estuvo aliñada por todo tipo de pasotes con estupefacientes de diverso pelaje y se culminó con el secuestro a manos del grupo de las cintas con los masters de lo que iba a ser su cuarto álbum. Según se cuenta, el jefe de su casa discográfica, Tony Wilson, tuvo que hipotecar su casa para poder pagarles a los Mondays las 40.000 libras que reclamaban a cambio de las canciones.

Al margen del sinfín de anécdotas protagonizado por el grupo -el envenenamiento masivo de palomas que relata la peli 24 Hour Party People es algo fuera de lo corriente-, si los Happy Mondays dejaron huella, se debe sobre todo a lo musical. Como muestra, aquí les dejo con la canción con la que cerraron la década:

Nota: El menda que sale bailando en primer plano entre los segundos 25 y 29 del videoclip es Bez, miembro del grupo a todos los efectos y cuya principal aportación consistía en pegar botes sobre el escenario. Posteriormente, Bez acumuló otros méritos como romperse el brazo aporreando autobuses y salir de gira escayolado o participar, muchos  años después, en el quinto Gran Hermano VIP que se emitió en Inglaterra. Como es obvio, lo ganó de calle.

Firmado: Ander de Brich