Archivo de la etiqueta: Nacha Pop

Ñoños, babosos, llorones y entrañables

Yo ni siquiera quería su disco. Le había pedido a mi prima que me grabara el Persecución de Pistones, pero en las cintas de sesenta minutos de TDK siempre sobraban más de veinte. Así que allí, en los minutos de la basura de la cara B me encontré sus únicas seis canciones:

Me encantaron. Tengan en cuenta que entonces ni siquiera me había empezado a plantear que el acné pudiera llegar a ser un problema. Tal vez un chaval algo melodramático de EGB era su público ideal, no lo sé. Canciones como El perdedor o Tenemos que hablar otra vez cotizaban alto para entrar en un top imaginario de llorones que se quieren cortar las venas.

El caso es que nunca supe de nadie que los conociera o que los destacase. Es más, siempre que se habla los primeros años de la movida, entre los babosos se enumera a Los Secretos, a Nacha Pop y a Mamá, y nadie se acuerda de Los Modelos.

Ahora se edita un disco con todas sus grabaciones (oficiales, maquetas y actuaciones) y me he puesto entrañable.

Firmado: Ander de Brich

Nota oficial: Por razones que no vienen al caso, en unos días, acompañaré a Tassotti y Carter en su ciberexcedencia oficiosa. Pero antes de entrar en barbecho -durará por lo menos hasta que termine el Mundial-, espero que me dé tiempo a dejarles unas entradas de despedida. Comienza la cuenta atrás: Cinco

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Un día sin Antonio Vega

Descanse en paz

Descanse en paz

Antonio Vega no necesitó fallecer para convertirse en leyenda. Ya en 1993 le grabaron un disco de homenaje. Y él se quejó amargamente porque entendía que ese álbum lo daba por moribundo o por acabado. Además, el título del disco, Ese chico triste y solitario, le parecía ofensivo. Aquel tributo no le sentó bien, pero al menos abrió la puerta a un culto por el artista que no le abandonaría hasta el día de su muerte.

Es cierto que, hasta entonces, Nacha Pop fue un grupo ninguneado por la radiofórmula, pero el paso del tiempo engrandeció su figura y este redactor ha de decir que jamás ha asistido a  muestras de cariño hacia un artista como las que vio en la gira de reunión de los Nacha en 2007. Era sobrecogedor cómo el público arropaba a Vega y prorrumpía en ovaciones cerradas ante cada esfuerzo de un músico escaso de fuerzas.

A continuación, destaco algunas páginas (de papel y de Internet) entre todas las que se han llenado en las últimas horas para honrar la memoria de Vega.

Como de costumbre, la mejor crónica que he leído la ha escrito Diego A. Manrique para El País y se titula La historia más triste del mundo:

La carrera en solitario de Antonio Vega se desarrolló bajo la sombra de la heroína. Aunque mantuvo una pudorosa discreción sobre sus problemas, la rumorología contribuyó a rodearle de una enojosa aureola de artista maldito, que podía mostrarse inspirado o limitarse a cubrir el expediente (pero ése era un síndrome que también aquejaba a Nacha Pop).

Tampoco desmerece Tristes y solitarios sin Antonio Vega. La firma Isabel Ibáñez para El Correo.

«La física cambió mi vida. Cambié mi postura ante el mundo cuando comprendí a Einstein. Cuando supe que el camino más corto entre dos puntos no es la línea recta. Cuando empecé a imaginarme cosas como qué pasaría si me montase a caballo en un haz de luz». Así era Antonio Vega, amante de los gatos, escritor de cuentos y relatos…

Entre los artículos y tribunas el que más me gusta es el de Enrique Portocarrero para El Correo. Titulado Ángel caído, incluye frases como éstas:

No se iba nunca Antonio Vega, superviviente atormentado de picos y caballo, porque sus letras le ataban como ángel caído a una realidad sin retorno vencida en su fecha de expiración. Tampoco se va ahora, porque queda en su melancólico recuerdo el mito urbano de un músico que paseaba su dolor por el infierno, cantando la tristeza de su propia vida.

Normalmente me chirrían los textos creados a partir de títulos y extractos de canciones significativas, pero el publicado por Manuel de La Fuente en ABC me parece bastante logrado. Se titula Trovador de la triste figura e incluye párrafos como éste:

El sitio de su recreo ya no está aquí, está por ahí arriba, entre ángeles en chupa de cuero y zapatillas de baloncesto, y la chica de ayer […], aquella punkie de sol, espiga y deseo, aquella nuevaolera de nieve, huracán y abismos, bebe hoy y olvida en el Penta del cielo por él, por Antonio, cantante, compositor y poeta, cuerpo (escaso) y alma (gigantesca) del pop-rock español.

En elmundo.es, tiene buenos momentos Ese chico triste y solitario (era inevitable que cayera algún texto con este título), de Raquel Quílez

A pesar de su delicado estado de salud, siguió ante al micrófono hasta el final. Con un hilo de voz, sujetando la guitarra sin fuerza. Provocando escalofríos, silencios sepulcrales cuando empezaba a entonar sus clásicos… ‘Lucha de gigantes’, ‘ El sitio de mi recreo’, ‘Una décima de segundo’… El recogimiento se imponía en la sala.

Otra forma de recordar al gran Vega, tal vez la más adecuada, es escuchar once de sus canciones más significativas. Es la que propone Diego Manrique en la página web de Radio Nacional.

Firmado: Ander de Brich

Actualización: El texto que escribe Benjamín Prado en El País dos días después de la muerte de Antonio Vega es también de lo mejor de estos días. Se titula Qué se ha muerto con Antonio y en él se pueden leer frases como las siguientes:

Contra las prohibiciones, los lápices rojos de los censores y la moral hipócrita que había hundido el país un siglo más abajo de su época, toda aquella gente que de pronto salió a la calle con el pelo pintado de naranja, los pantalones rotos por las rodillas y un pendiente clavado en cualquier parte poco habitual. Por las calles, la ropa con la que se vestían los jóvenes tenía la misma función que el destape en los cines. A base de empezar a permitir la rareza, España empezaba a ser normal. A fuerza de respetar lo que es distinto, empezamos a ser como todos.

Antonio Vega nos deja solos

Un grande de la música

Un grande de la música al que preferimos recordar así, joven y preparado para comerse el mundo.

Musikiki está de luto: Antonio Vega ha fallecido esta noche en el hospital madrileño en el que llevaba internado unos días a causa de una neumonía. Tenía 51 años.

Vega fue miembro de Nacha Pop en los años ochenta y después emprendió carrera en solitario. A causa de sus problemas de salud y de las adicciones que arrastró casi toda su vida, esta segunda etapa no fue muy prolífica. Aún así, el madrileño compuso muchas de las canciones más significativas del pop español de los últimos años.

A su pluma se deben canciones tan enormes como Una décima de segundo, Desordenada habitación, Cada uno su razón, El sitio de mi recreo, Antes de que salga el sol, Atrás, Lloviendo en la ciudad, Tesoros, Magia y precisión o la tan manida como superlativa Chica de ayer.

Cruzamos los dedos con el deseo de que los medios se sustraigan de la tentación de convertir a Antonio Vega en un ejemplo moralizante y a servirnos informaciones con fotos morbosas y moraleja.

En Musikiki, preferimos recordar a este genio que nunca pidió compasión por su gigantesco legado en forma de canciones imperecederas como ésta:

Descanse en paz.

Spotify no es infinito

En la mayoría de textos en los que leo sobre Spotify destacan lo mismo: es una especie de itunes en el que uno puede escuchar de forma gratuita y a través de Internet prácticamente toda la música que hay publicada. A bote pronto, y Google mediante, coinciden en esta descripción El País o Soitu. Y la verdad es que la cantidad de música que el programa de marras pone al alcance del internauta medio es inmensa, casi inabarcable. Pero de ahí a que la biblioteca de música con la que cuenta Spotify sea infinita (algo, de por sí, imposible) o universal va un trecho.

Siete de diez

Siete de diez

No me refiero a que, como dice Hurricane Carter en este su web, buena parte de las discográficas indies no hayan llegado todavía a un acuerdo con Spotify o a que la música editada con copyleft aún no esté presente en su catálogo. Lo que quiero recalcar es que muchas de las canciones y discos que he buscado desde que uso la aplicación están editadas por multinacionales y no figuran entre los resultados de la búsqueda.

Como ejemplo, usaré la lista de discos con la que me presenté en este web hace unas semanas. Tres de los diez discos que destacaba en ese momento no figuran en los listados que me ofrece el buscador de la aplicación. De The Magnetic Fields, con una carrera más prolífica que Isabel Pantoja, sólo están los dos últimos. Y de The Smiths y de Nacha Pop sólo hay recopilatorios.

Quede claro que, lejos de quejarme, Spotify me parece una gozada de herramienta y un avance gigantesco para la renovación del modelo industrial de la música. No tengo claro si el proyecto será viable a largo plazo, pero sí parece que la solución a las quejas de las discográficas, los autores y sus más que antipáticos representantes tendrá más que ver con un modelo de negocio similar a éste que con la encarcelación de los manteros.

Firmado: Ander de Brich

Moda punki en Galerías

El Huracán de Patterson, Nueva Jersey, me reta a que le contradiga y casi se sale con la suya. El problema es que básicamente estamos de acuerdo. De una forma digamos canónica, indie es todo lo que graba un sello independiente y nada producido por una multinacional puede serlo. La consecuencia, si llevamos el planteamiento al extremo, es que resulta incorrecto hablar de grupos indies. Los discos sí son (o no) indies, pero un mismo grupo puede cambiar de discográfica varias veces a lo largo de su carrera. Así, Nacha Pop, por citar un ejemplo del texto de Hurri Carter, estuvieron en Hispavox -antes de pasar por Dro- y después, en Polydor. Y no olvidemos que Los Planetas, ejemplo de grupo no indie en la entrada de la que hablamos, comenzaron en una novata y básicamente amateur Elefant Records.

Punkie de postal, punk de escaparate

Punkie de postal, punk de escaparate

La madre del cordero radica en que el término se popularizó en España a raíz de los grupos que, como el de J y sus secuaces, surgieron en el cambio de década de los ochenta a los noventa. Con ellos, como con El Inquilino Comunista o con Family -por citar tres bandas cuyos estilos tienen bien poco en común-, el oyente medio se familiarizó con la expresión y se hizo la picha un lío. Pese a que grupos como los que grababan para la donostiarra Siesta entraban, con razón, en la categoría, para la inmensa mayoría música indie era un sinónimo de noise-pop. Pero, está claro, el término que hizo fortuna no fue el segundo.

De la mano del sobado indie vino la expresión “música alternativa” que lo mismo valía para pop, rock o electrónica. Y ahí sí que el sinsentido cobró dimensiones de astracanada. ¿Alternativa a qué? Se suponía que al mainstream representado en aquel momento por Phil Collins, Elton John, Madonna o incluso Guns’n’Roses. El caso es que no pasó mucho tiempo antes de que el mainstream pegase un volantazo y estuviera representado por Nirvana, Pearl Jam, Smashing Pumpkins u Oasis.

A partir de ese momento se dio la paradoja de que la lista de ventas estaba llena de gafas de pasta y de camisas de leñador con lo que, de ser consecuentes, la alternativa la debería haber representado alguien totalmente contrapuesto a lo que había pasado a ser masivo. Tal vez un Rufus Wainwright haciendo krautrock y enfundado en una bata de boatiné podía haber sido lo opuesto a los que mandaban en ese momento, pero, desde luego, la mitad del cartel del festival de Benicàssim no servía para esa definición.

Así que ni rock alternativo ni música indie son aceptables como animales de compañía porque ambos sirven para designar una cosa y su contraria. El travestismo de las expresiones hasta recuerda vagamente a la masificación del punk. Al comienzo, se trataba del simple y eficaz háztelo tú mismo, de que uno empuñara una guitarra y berrease como le viniera en gana; de que se vistiera con lo primero que pillara y que se taladrase el cuerpo con imperdibles. Se trataba de epatar y de escapar de los uniformes. La consecuencia es de sobras conocida: la mayor parte de la música punk es monolítica y alérgica a la novedad y el uniforme de punki se lo saben de memoria hasta los lectores del Abc.

Firmado: Ander de Brich

Please, allow me to introduce myself

BSO: THE ROLLING STONES | Sympathy for the Devil

Me gustan las listas. No tanto como los animales (con cebolla y pimientos), pero me gustan. Para saber de qué pie cojeo y dado que los logros de mi vida son más irrelevantes que el legado musical de Emilio Estefan, no se me ocurre nada mejor que presentarme con una lista autobiográfica: la de las diez maravillas que más veces se la han jugado con la aguja (asesina) de mi tocadiscos.

Las joyas de la corona

Las joyas de la corona

Son éstos: The Velvet Underground & Nico (1967), (sí, el del plátano, ya sé que está muy manido, pero es que me gusta a rabiar); The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972), de David Bowie; Buena disposición (1982), de Nacha Pop; The Queen is Dead (1986), de The Smiths; Sister (1987), de Sonic Youth; el primero de The Stone Roses (1989); Doolittle (1989), de los Pixies; Super 8 (1994), de Los Planetas; 69 Love Songs (1999), de The Magnetic Fields; y Funeral (2004), de The Arcade Fire. Me doy cuenta de que el último disco es el único de este siglo, pero, al fin y al cabo, para eso estamos aquí, para gozar como perracos con los descubrimientos que vayamos haciendo desde Musikiki e ir dejando constancia de ello.

Por el momento, la lista de fobias me la ahorro. Basta con acudir a la presentación de la gran esperanza negra, tachar a Nick Cave de la nómina de sobrevalorados y escribir el nombre debajo.

Firmado: Ander de Brich